
Paris desde la esquina
Para Daniel Fragoso.
*
La he visto entre el tumulto
bailando en un extremo de la pista.
Menelao, habituado a su belleza,
empina la botella dando sendos tragos.
En su embriaguez,
no distingue la canción que la orquesta toca;
baila al compás del reguetón
cuando lo que suena es la Sonora Dinamita.
Ciertamente algo pasa, tú bebes demasiado
y temo que te largues del Arcelia
con aquél de la camisa guinda.
Temo, sí, que vuelvas con la boca llena de salitre
y dispuesta a terminar con la cerveza.
Pobre, dirá la camarera
que hace rato no deja de mirarme;
cada que acerca una cubeta
deja pegado a mi
un poco de su lástima.
Espera, supongo,
que el Menelao en turno
no haga mucha bronca
porque asedio a su muchacha.
*
Aquiles ebrio
lanza retador eructos;
me mira, apura el trago.
De sus ojos mana toda la furia acapulqueña
que no termina cuando la orquesta calla.
Sabe que la gloria espera fiel
si puede derribarme antes
que Marquines lo descubra.
*
Por su puesto,
Malcom Lowry se emborrachó
dentro de la casa de Juan.
Y no es de sorprender
que a este bar poblado de tritones
no volviera.
La rocola, no tiene discos de Pedro Infante.
*
Indignada la tripulación
amenaza con amotinarse
si ella no es devuelta al Bar Arcelia.
Ángel, a manera de Ulises,
reclama regresar con ella
y ofrecer nuestro perdón al ofendido.
Demasiado tarde. Mi amor me dice
que bien la pena vale
arriesgar la vida de mis hombres
por doscientos pesos en su blusa.
*
Hemos caminado largo rato
a un lado de la costa
sin encontrar refugio para el hambre.
Por fin, detrás de una cortina, muy cerca de la Zona,
entre mujeres que bailan anunciando
el costo de la muerte,
hallamos alimento para que la noche dure,
hallamos el prófugo amor
que tantas veces se negó a nosotros.
Los ojos de Elena se confunden al mirar la costa;
se pierden entre la luz neón y el humo de la pista.
Apenas la alcanzo, apenas la rozo
y la playa arde, se incinera el viento.
¿Será que aquí
hasta los perros olvidan su carroña?
*
No temo al afilado verbo
que de su lengua mane.
Tampoco a la jauría de perros
que la cuidan de mis larvas.
Temo más al borde,
a su delgado filo,
temo si, a su cintura.
*
Esta ciudad no fue erigida
en una sóla noche.
Para sus muros
se hicieron traer
de mucho más allá de la costa
bloques de piedra calcinada por los años.
Se hizo crecer entre sus calles
jardines de ortigas y tinieblas.
Todo para que yo,
pudiera habitarla por las noches.
*
Hace cuatro tragos miro
al vendaval que baila
encima de cuerpos hoscos y morenos.
Siento arder su remolino
incluso a la distancia.
Sé que me preparan una treta.
*
Amanece casi.
Busco mi amor en el fondo de la tasa
y del beso de Elena
no reconozco ni un atisbo.
Estoy pensando en llamar a mis guardianes,
estoy pensando en tocar la retirada.
*
Disfrazada de fichera
un feroz corcel
atravesó la pista.
Quedo, a mi oído, dijo
que por una cantidad ridícula
podría quitarme la cara de asesino.
Que alguien por favor
detenga esta masacre.
*
Caminarás, Elena, a estas horas
del brazo de cualquiera
que si haya tenido en sus bolsillos
lo suficiente para pagar tu borrachera.
Caminarás a un lado de la costa,
besarás al tipo
y le dirás igual que a mi
que no hay en el mundo hombre más hermoso.
Pero de nada servirán tus trucos amatorios
contra el poeta pachuqueño
que tu ficha pagó de a veinticinco.
De nada servirán ahora
que le he quitado la cartera.